30.1.07
¿Hasta qué punto las multitudes son sabias?
Un primer problema es que el concepto en sí mismo es suficientemente vago para que muchísima gente que no tiene nada que decir se ponga la etiqueta de "web 2.0", al estilo de la avalancha de las .com a mediados de los noventa. Teniendo en cuenta que cualquier definición, estilo, moda o paradigma es finalmente reutilizable y abusable, no creo que sea una objeción de peso. Por muy bien definido que esté nuestro modelo, si se convierte en algo exitoso, inevitablemente alguien desarrollará una reutilización excesiva para arrimar el ascua a su sardina. Lo que tenemos que hacer es reconocer las aplicaciones genuinas y evitar las que no van a ningún sitio.
Una crítica más elaborada, desde coordenadas posmodernas de crítica a la cultura globalizada digital o desde el modelo desarrollado por Hard y Negri en Imperio ponen de manifiesto el cinismo del capital que convierte nuestro tiempo de ocio en tiempo de trabajo. Mientras hacemos un enlace a nuestras páginas favoritas o participamos en un foro sobre un tema de nuestro interés, o estamos comprando un libro en Amazon, al mismo tiempo estamos trabajando (gratis) para el "sistema", ayudando a Google, Amazón o Ebay a aumentar sus beneficios, al mismo tiempo que ofrecemos información privada sobre nosotros mismos y los que nos rodean. Creo que es una advertencia potente, y que en nuestros proyectos culturales basados en web 2.0 hemos de vigilar el uso final que se hará de las informaciones de los usuarios, evitando que terceros ajenos al proyecto acaben rentabilizando el esfuerzo desinteresado de muchos.
Algunos expertos como Bruce Sterling (periodista y escritor de ciencia-ficción) apuntan al hecho de que las aplicaciones de web 2.0 necesitan complejos desarrrollos de programación, no accesibles a los amateurs, frente a la facilidad en que podía hacerse webs en los primeros noventa, con el simple lenguaje HTML. Para Sterling, en parte la web 2.0 es una estrategia de los expertos en ordenadores para volver a tener la exclusiva en el desarrrollo de aplicaciones, y volver a disfrutar de la situación de poder de la que disponían. Aunque el mismo Sterling bromea cuando lo presenta como una especie de conspiración, no es menos cierto que el modelo de web 2.0 ha de convivir con otros sistemas más sencillos que permitan a los amateurs construir sus sites. Por otra parte, no es menos cierto que aunque conseguir que una web aloje blogs es técnicamente complejo, no es menos cierto que una vez tenemos acceso, mantener un blog resulta sencillo, mucho más que generar nuestro propio HTML.
Una crítica más elaborada, desde coordenadas posmodernas de crítica a la cultura globalizada digital o desde el modelo desarrollado por Hard y Negri en Imperio ponen de manifiesto el cinismo del capital que convierte nuestro tiempo de ocio en tiempo de trabajo. Mientras hacemos un enlace a nuestras páginas favoritas o participamos en un foro sobre un tema de nuestro interés, o estamos comprando un libro en Amazon, al mismo tiempo estamos trabajando (gratis) para el "sistema", ayudando a Google, Amazón o Ebay a aumentar sus beneficios, al mismo tiempo que ofrecemos información privada sobre nosotros mismos y los que nos rodean. Creo que es una advertencia potente, y que en nuestros proyectos culturales basados en web 2.0 hemos de vigilar el uso final que se hará de las informaciones de los usuarios, evitando que terceros ajenos al proyecto acaben rentabilizando el esfuerzo desinteresado de muchos.
Algunos expertos como Bruce Sterling (periodista y escritor de ciencia-ficción) apuntan al hecho de que las aplicaciones de web 2.0 necesitan complejos desarrrollos de programación, no accesibles a los amateurs, frente a la facilidad en que podía hacerse webs en los primeros noventa, con el simple lenguaje HTML. Para Sterling, en parte la web 2.0 es una estrategia de los expertos en ordenadores para volver a tener la exclusiva en el desarrrollo de aplicaciones, y volver a disfrutar de la situación de poder de la que disponían. Aunque el mismo Sterling bromea cuando lo presenta como una especie de conspiración, no es menos cierto que el modelo de web 2.0 ha de convivir con otros sistemas más sencillos que permitan a los amateurs construir sus sites. Por otra parte, no es menos cierto que aunque conseguir que una web aloje blogs es técnicamente complejo, no es menos cierto que una vez tenemos acceso, mantener un blog resulta sencillo, mucho más que generar nuestro propio HTML.
22.1.07
¿Son realmente sabias las multitudes?
Evidentemente, hay muchos contextos en los que no dejaríamos que las multitudes decidieran en un tema: desde la mejor cura para un tumor a como detener a tiempo un accidente en una central nuclear antes de que vaya a más, parece claro que el trabajo debería recaer en manos de expertos que saben de qué hablan. En el campo de la medicina especialmente, esta "sabiduría de las multitudes" puede acabar siendo particularmente peligrosa. Así muchos médicos se quejan de pacientes que llegan con problemas después de haberse automedicado en función de información que "había encontrado en la red."
Los entusiastas de la web 2.0, sin embargo, defienden que hay aspectos en los que las multitudes sí resultan especialmente útiles. Así, les parece mucho más fiable la recomendación de un restaurante basado en los enlaces de diferentes usuarios que un web de un experto gastronómico que quizás base sus recomendaciones en pagos por publicidad. Un ejemplo ampliamente citado es un artículo de la revista Nature que comparó diversos artículos de ciencia en la Wikipedia y en la Encyclopaedia Britannica. Se enviaron una selección de diferentes artículos, sin especificar de donde provenían, a diversos expertos en la materia en cuestión, y estos tenían que evaluar si habían errores y cuáles eran. El estudio demostraba que el nivel de errores era similar en la Britannica y la Wikipedia, con lo que mostraba que su grado de fiabilidad era similar. Lo más interesante, de todas formas, vino después. A los pocos días de publicarse el artículo en Nature, prácticamente todos los errores que según los expertos contenían los artículos de la Wikipedia fueron corregidos, mientras que nada de ello sucedió con la Encyclopaedia Britannica.
El estudio es muy sugerente pero todavía es muy preliminar. Otros análisis apuntan a la poca fiabilidad de la Wikipedia en cuestiones muy polémicas y controvertidas, o en la posibilidad de generar noticias trampa a propósito o simplemente un excesivo celo del autor de los artículos que impida una edición más cuidada de los artículos. Jarom Lanier -uno de los pioneros de la realidad virtual- explica que en la Wikipedia aparece como si fuera un director de cine, que no es el caso. Ha intentado varias veces modificar su propia entrada, pero inevitablemente, alguien ha vuelto a re-catalogarlo como director de cine.
El debate ha simplemente empezado, y sin duda es uno de los temas clave a la hora de juzgar la utilidad del paradigma web 2.0 en el mundo de la cultura. ¿No nos conducirían la multitudes a webs sobre el Código da Vinci y otros best-sellers obviando la alta cultura? O por el contrario ¿facilitará la web 2.0 la reconversión de nuestra gestión cultural hacia derroteros menos elitistas, manteniendo sin embargo el nivel de producciones?
Los entusiastas de la web 2.0, sin embargo, defienden que hay aspectos en los que las multitudes sí resultan especialmente útiles. Así, les parece mucho más fiable la recomendación de un restaurante basado en los enlaces de diferentes usuarios que un web de un experto gastronómico que quizás base sus recomendaciones en pagos por publicidad. Un ejemplo ampliamente citado es un artículo de la revista Nature que comparó diversos artículos de ciencia en la Wikipedia y en la Encyclopaedia Britannica. Se enviaron una selección de diferentes artículos, sin especificar de donde provenían, a diversos expertos en la materia en cuestión, y estos tenían que evaluar si habían errores y cuáles eran. El estudio demostraba que el nivel de errores era similar en la Britannica y la Wikipedia, con lo que mostraba que su grado de fiabilidad era similar. Lo más interesante, de todas formas, vino después. A los pocos días de publicarse el artículo en Nature, prácticamente todos los errores que según los expertos contenían los artículos de la Wikipedia fueron corregidos, mientras que nada de ello sucedió con la Encyclopaedia Britannica.
El estudio es muy sugerente pero todavía es muy preliminar. Otros análisis apuntan a la poca fiabilidad de la Wikipedia en cuestiones muy polémicas y controvertidas, o en la posibilidad de generar noticias trampa a propósito o simplemente un excesivo celo del autor de los artículos que impida una edición más cuidada de los artículos. Jarom Lanier -uno de los pioneros de la realidad virtual- explica que en la Wikipedia aparece como si fuera un director de cine, que no es el caso. Ha intentado varias veces modificar su propia entrada, pero inevitablemente, alguien ha vuelto a re-catalogarlo como director de cine.
El debate ha simplemente empezado, y sin duda es uno de los temas clave a la hora de juzgar la utilidad del paradigma web 2.0 en el mundo de la cultura. ¿No nos conducirían la multitudes a webs sobre el Código da Vinci y otros best-sellers obviando la alta cultura? O por el contrario ¿facilitará la web 2.0 la reconversión de nuestra gestión cultural hacia derroteros menos elitistas, manteniendo sin embargo el nivel de producciones?